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Jackita: “Me cerraron puertas por mi personalidad, me trataban de conflictiva”

Jackita: “Me cerraron puertas por mi personalidad, me trataban de conflictiva”

Nunca me faltes – Jackita
Jackita -nacida como Jacqueline Acosta Lera el 5 de marzo de 1988 en Ciudad de Buenos Aires-, transita la última etapa de su primer embarazo junto a su pareja, José Alegre. Esperan un hijo al que llamarán Isaac.
La cantante lleva editada más de una decena de discos, con tres trabajos nominados a los Premios Gardel (2013, 2015, 2019) en la categoría de Música Tropical, y en 2019 fue seleccionada Sus inicios se remontan a 2003 con “La Loza”, la banda que formó junto a su hermano Marito en el barrio San Cristóbal. Durante esa época, gestionó de manera autodidacta sus primeras presentaciones, logrando hasta 10 shows seguidos en corsos de Capital Federal tras contactar personalmente a los organizadores.
Entre 2008 y 2009 adoptó el seudónimo “Jackita La Zorra”, inspirado Quizás una faceta desconocida de Jacki, es su trayectoria en el taekwondo con campeonatos sudamericanos, títulos en Poomsae y su reconocimiento como Miss Taekwondo Sudamericana 2004, la única argentina que ha recibido esta distinción. Además de ser instructora certificada y cinturón negro en este arte marcial, la artista también tiene un rol solidario como predicadora en el Ministerio Maná de Vida, brindando asistencia a personas en situación de calle.
Acá, los momentos más destacados de la entrevista:
—Hola, Jackita, bienvenida. Primera invitada femenina a “Nunca me faltes”.
—Qué bueno, agradecida —¿Cómo estás? ¿En qué momento te encontramos hoy?
—Totalmente embarazada (risas). Somos dos hoy, estoy con Isaac acá, de ocho meses y algo; es mi primer hijo. Y proyectando muchas cosas. —De hecho estuviste en escenario hasta hace no mucho…
—Sí, hasta hace dos semanas que anduvimos en Uruguay y ahí dije “Ya está”. —O sea, cumbiero ya desde la panza.
—Sí, ya tiene sus llantitas, las zapatillitas con resorte, va a nacer con eso (risas).
—¿Esa convivencia del escenario y el embarazo la llevaste bien?
—Súper bién —Y te agarra también ya con mucho más recorrido en tu carrera. ¿Qué te pasa cuando pensás en esos inicios tuyos?
—¿Diecisiete ya?
—Sí, y este es el momento para que yo sea madre, sinceramente. “Jackita” fue mi primer hijo en realidad, y como que cuidé mucho de mi carrera y le dediqué mucho tiempo, le dediqué mi vida y hoy estoy en una etapa donde tengo todo bajo control: me siento muy realizada, muy valorada. En otras épocas —Y hace veinte años no era la misma escena que hoy en en un montón de aspectos, ¿no?
—Sí.
—¿Y cómo es ser mujer en el ambiente y la movida de la cumbia?
—Yo creo que los logros son triples, y más en esa época. Cada logro mío valía —No ibas —Claro, yo era barrio y quería cantar a favor de las mujeres. Y otro mensaje también: “Pará, no nos insultemos, vamos a levantarnos nosotras”. Yo hice una cumbia base tipo mezclado con plena uruguaya, una cosa rara. Y claro, también se lleva para el lado de la cumbia villera. Y me decían: “No, ¿qué querés con este material?” Pero vos no sabés la cantidad de lugares que yo llevaba mis CD y me decían: “No, mi amor, cantá romántico, cantás lindo, te armo la banda, te vas a Santa Fe y grabás allá. El sábado salís en el canal…” ¡Representantes grosos te hablo, ¡eh! Y yo decía: “No, está bien, si no tenés otra propuesta yo sé que se va a dar”. Dura, yo, ¿viste?, firme en mis convicciones. Y se dio en el 2009, pero tuve que esperar.
—Y todo ese momento de esperar, ¿te hizo sentir subestimada o no valorada? Una mujer en un mundo de hombres…
—¿Cómo fue ese momento? —Me daba mucha bronca. Una vez, me acuerdo, fui a una oficina y me miran, me hicieron dar una vueltita… a ver qué ofrecía…
—Antes de escucharte cantar querían verte.
—Claro, querían ver si tenía cola, ¡Ay, Dios, pasé —Sí, uno tiene la sensación de que tenés carácter fuerte…
—Sí, me enojé y les paré el carro —¿A qué te r—Que tienen cosas para ocultar. Los productores de antes, a los artistas, nos daban dos monedas y ellos cobraban un millón de pesos. Yo siempre estuve muy atenta con esas cosas y molestaba.
—Y ahí te plantás. ¿Y cómo te lográs imponer ante eso también?
—Me costaba —¿Cómo es eso? ¿Vos te enterás que —Entre millones de personas (risas). Había muchos intermediarios en esa época. Eran otros tiempos. Necesitabas el representante, necesitabas todo eso para poder trabajar. Y cuando les dije que me retiraba, me dijeron “Vos no vas a volver a trabajar nunca más en ninguna parte de la Argentina”. Y yo “Bueno, eso lo vamos a ver”, le digo. “Prefiero no trabajar, pero no hacerte ganar más plata a vos y yo llevarme un centavo”, —Entiendo…
—Yo vivía en una combi, esto fue en el 2012. Me acuerdo de que un día llego al Chaco, me bajo de la camioneta y me desmayo. Dije: “¿Qué me pasó?” Claro, llevaba tres años sin parar de verdad. Salíamos jueves, viernes, sábado, domingo y lunes, el martes llegaba a mi casa destruida y ya el jueves salíamos de nuevo. O sea, no tenía vida, ¡y tampoco tenía plata! (risas). —¿En algún momento dudás o siempre firme y plantada?
—No, firme y plantada. Pr—Recién contabas esa anécdota en Chaco, desmayándote. Después pasó tu accidente, en 2016…
—Sí, eso fue en Salta. Estábamos llegando al quinto de la noche y el hombre que había armado la gira…
—¿El quinto show de la noche, decís?
—Te reconstruyeron la cara.
—Sí, pero gracias a Dios, fue solo piel y no hueso. Tenía la cara colgando. Llegué al hospital y le digo a los médicos: “¿Me pueden poner la gotita que yo me arreglo allá en Buenos Aires?” Se me rieron todos como diciendo: “No te ves la cara cómo la tenés. ¿no?” Me trataron bárbaro en el hospital de Orán, les mando un beso: me quedó la cara perfecta. Cuando vuelvo de ahí, yo quise parar y reorganizar las cosas, pero seguía teniendo este productor de —¿Ni siquiera después del accidente?
—Sí, en un mes y medio ya estaba en la ruta de nuevo y con ataques de pánico. Me acuerdo que en la camioneta me caía agua de las manos del miedo que tenía. Me subía al escenario temblando, fue horrible. Aparte tenía la cara mal, comía papilla, la pasé re mal. Hoy me río, pero la pasé re mal.
—Pero cuando tuviste el accidente, ¿después seguías con ataque de pánico en la gira? ¿No hay un momento en el que decís “Che, hay que parar un poco”?
—Sí, me paró la pandemia (risas). Para mí fue un antes y un después. Me quedo en casa, como todo el mundo, y empecé a replantearme muchas cosas: la pandemia fue lo mejor que me pasó a nivel persona y a nivel espiritual. Ahí prácticamente me abro del productor este que tenía. Y empecé a darme cuenta de que yo sufría de ansiedad. O sea, en mi casa me doy cuenta de las cosas que padecía. Me encontré conmigo misma, digamos.
—Claro…
Y ahí es donde yo hago un click. Veo una película, “Cuarto de guerra”; parece que yo laburo para esa película —¿Como que antes te pasaba que no sabías a dónde ibas?
—Sí, es que en este ambiente todos son muy competitivos. Entonces te ponen la vara muy alta. Y vos te empezás a comparar con los demás también. O decir “Che, ¿—No, hoy lo ves como boludeces, pero en ese momento se te iba la vida ahí…
—Claro. Y no era de envidiosa sino —Y hoy que ya atravesaste todo esto, te ves más preparada para ese proyecto familiar, personal, ¿no?
—Sí, después de la pandemia, que logro separarme de este productor, el tipo hace quinientas maldades…
—¿Cómo qué?
—Como querer bajarme todo el catálogo musical siendo que yo nunca le había firmado que él podía subir mi música a una compañía discográfica; él, —¿En qué sentido?
—En todo. Económicamente, abismal, —Digo, para entender la diferencia: lo que antes se tercerizaba -y mordían en cualquier show-, ahora es cien —Claro, ya no hay vampiros (ríe). Y te repito, empecé a trabajar en paz también: si un finde no quiero trabajar, me lo tomo. Empecé a manejar mis tiempos.
—Y hoy, ¿cómo te imaginás a Jacki mamá?
—Estoy re preparada. Es el momento perfecto —Escúchame, ya vimos lo fuerte que es tu personalidad y carácter —Sí, sí, sí, aunque igual yo quiero hacer el papel de la buena. Y que mi marido haga del malo (ríen).
—Vos aparte sos taekwondista, ¿no?
—Sí, yo era cinturón negro, y tricampeona sudamericana de taekwondo.
—Bueno, Jackita, gracias —Que lo amo, que vino a completar esa felicidad que a mí me faltaba: ser mamá… ¡Ay, voy a llorar!
Ya vamos a volver con él… (ríe)
Fotos: Jaime Olivos

Vanguardia Civil

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